La intimidad no es sucia, ni vergonzosa, ni algo que Dios desapruebe. Al contrario: fue diseñada por Él como un regalo sagrado, poderoso y profundamente espiritual entre un hombre y una mujer unidos en matrimonio. El problema no es la intimidad, sino cómo el mundo moderno la ha despojado de su significado, convirtiendo lo sagrado en algo casual y lo eterno en algo desechable.
Vivimos en una cultura que confunde deseo con amor, libertad con desorden y placer con plenitud. Mientras muchos evitan hablar de este tema, otras voces —redes sociales, entretenimiento y contenidos vacíos— han tomado el lugar de la verdad bíblica, normalizando conductas que dejan heridas profundas en el alma.
La intimidad no es solo cuerpo con cuerpo. Es espíritu con espíritu. Y cuando se trata a la ligera, el costo no es pequeño. A continuación, seis advertencias claras que no buscan condenar, sino proteger.