Paso a paso
Lavá y secá bien la lata. Pasá el dedo por el borde: si notás rebabas, repasá con lija o lima hasta que quede prolijo (acá vale tomarse un minuto, porque después se trabaja con la mano cerca).
En la tapa de la lata, marcá una abertura alargada (tipo ranura). Hacela lo suficientemente larga para que actúe como zona de corte, pero sin debilitar toda la tapa.
Abrí esa ranura con cuidado y después afilá uno de sus bordes con la lima. Ese borde va a funcionar como “cuchilla” fija: cuanto mejor lo dejes, más limpio sale el corte.
Marcá en el cuerpo de la lata una línea recta de referencia (sirve para trabajar alineado) y abrí un canal angosto donde corresponda para que el armado quede cómodo al girar. Repasá con lija cualquier punto filoso.
Cortá el fondo de una botella plástica (la parte “base”). Te tiene que quedar como una pieza independiente, tipo “tacita” baja.
Hacé un agujero bien centrado en esa base plástica con taladro. Ese agujero es para que pase la varilla metálica y quede guiada, sin jugar.
Ajustá esa base plástica al extremo de la lata y, si querés que quede bien firme y calzado, podés darle calor suave (tipo pistola de calor) para que el plástico copie la forma y quede como una funda estable.
Prepará la manija: doblá la varilla metálica formando una “L” (un tramo para agarrar, otro para girar). En la punta donde va la mano, colocá la tapita plástica como perilla.
Armá el sistema de traba: pasá un tornillo por la tapita de modo que la punta del tornillo quede hacia adentro. Ese tornillo es uno de los “clavos” que muerden la papa para que no resbale. Si usás resorte, colocá el resorte entre la tapita y la varilla para que mantenga presión y no se afloje con el giro.
En el otro extremo del eje, colocá el segundo tornillo como punta (también mirando hacia la papa). La idea es que la papa quede pinchada en ambos lados: de un lado con el tornillo de la tapita, del otro con el tornillo del extremo del eje.
Pelá la papa y, si querés que la espiral no se desarme, atravesala primero con un palito de brochette, lo más centrado posible.
Pinchá la papa con los dos tornillos (uno en cada extremo) y terminá de acomodarla en el eje. Tiene que quedar firme: si patina, el corte sale desparejo.
Pasá el eje por el agujero de la base plástica y acomodá la lata para que la papa trabaje contra el borde afilado de la ranura.
Empezá a girar la manija con movimiento parejo. La papa, al girar, se va cortando sola por el filo de la lata y se va formando la espiral sobre el palito. Si necesitás, acompañá con una presión suave y constante para que avance sin trabarse.
Cuando termine, estirá apenas la espiral sobre el palito para separar las láminas y dejarlas listas para cocinar.
Tips y consejos:
Usá papas medianas y firmes: las muy blandas se rompen y las muy grandes cuestan más girarlas.
La diferencia la hace el “filo”: si la lima deja un borde bien prolijo, el corte sale más limpio y no desgarrás la papa.
Si la papa se te gira en falso, es porque no quedó bien clavada: ajustá la posición de los tornillos para que muerdan mejor.
Para espirales parejas, girá constante, sin tirones. Si frenás y volvés, pueden aparecer “saltos” en el corte.
Para cocinar: aceite + sal + pimentón, al horno fuerte o airfryer hasta dorar; si vas a poner queso, sumalo al final para que no se queme.
Cada tanto revisá rebabas: con el uso, algún borde puede levantarse. Un repaso rápido con lija lo deja seguro otra vez.
Con este cortador, la papa en espiral sale prolija y rápida, y te queda una preparación vistosa sin depender de accesorios caros.
El secreto es el buen ajuste del eje y una traba firme en la papa para que el giro haga todo el trabajo.
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