Una comunicación debilitada puede revelar un interés en declive. Cuando siempre pone el trabajo como excusa para evitar conversar, hay razones para preguntarse —sin sacar conclusiones precipitadas.
Sus momentos a solas se vuelven raros
Los hábitos compartidos reflejan la complicidad. Si de repente muestra menos ganas de salir a cenar, pasear o disfrutar de noches tranquilas en casa, su atención puede estar en otro sitio.
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Este desinterés progresivo puede señalar aburrimiento o, peor aún, un vínculo que se va debilitando.