Una mañana cualquiera, mientras regaba las plantas de mi jardín, algo extraño captó mi atención. Entre el pasto, había una especie de esfera semitransparente, brillante y gelatinosa, que parecía sacada de una película de ciencia ficción.
Al observarla de cerca, noté que dentro se escondía algo rojizo y vivo. Por un momento pensé que era un huevo alienígena, pero la realidad —aunque igual de sorprendente— era mucho más natural y fascinante.