En el primer paso, el dueño de un perro señaló un recipiente con comida. El perro siguió la señal y encontró la golosina. A continuación, el dueño señaló un recipiente vacío. El perro, esperando comida, se acercó, pero no encontró nada.
Esto demostró que los perros se basan en los gestos humanos para localizar objetos. Sin embargo, cuando estos gestos resultaron poco fiables, los perros mostraron signos de confusión e inquietud.
Para la tercera prueba, los perros ya no obedecían las instrucciones engañosas. Esto sugería que habían perdido la confianza en el humano engañoso. El experimento, con 34 perros, concluyó que los caninos evalúan la credibilidad de una persona basándose en interacciones pasadas.