Frente a este desafío, un equipo multidisciplinario de científicos, radiólogos, ingenieros biomédicos y cirujanos fetales desarrolló una herramienta pionera: modelos digitales en 3D del feto, generados a partir de imágenes obtenidas por ecografías de alta resolución o resonancias magnéticas. Estos modelos permiten visualizar con precisión la anatomía fetal, identificar lesiones internas, analizar estructuras comprometidas y simular distintas opciones de tratamiento antes de intervenir.
Esta tecnología ofrece ventajas clave. Por un lado, mejora significativamente la planificación quirúrgica al permitir “ensayar” procedimientos en un entorno virtual, sin poner en riesgo al feto. Por otro lado, reduce la posibilidad de intervenciones innecesarias, ya que los médicos pueden determinar con mayor exactitud si una operación es indispensable o si es más seguro esperar al nacimiento.