Aun así, los expertos son claros al marcar límites. Nadie debería pensar que hoy es posible curar enfermedades complejas únicamente a partir de las células de un diente. Como explica Montero, una cosa es conocer el potencial de estas células y otra muy distinta es poder aplicarlo de manera generalizada. El camino científico es prometedor, pero todavía requiere tiempo, investigación y desarrollo.
Por ahora, lo que sí puede afirmarse con certeza es que la pulpa de un diente de leche representa una reserva biológica con enormes posibilidades. Conservarla no garantiza una cura, pero sí constituye una inversión en salud y conocimiento que podría marcar la diferencia en el futuro.