Si a eso le sumamos la luz natural reflejándose en la tela, el efecto visual puede ser aún más atractivo para ellas. No es que sepan que es ropa, simplemente responden a estímulos visuales que su cerebro asocia con alimento.
El detergente y el suavizante juegan un papel más importante de lo que imaginas. Muchos productos para lavar ropa están diseñados para oler “fresco”, “floral” o “dulce”. Justamente los aromas que más se parecen a los de las flores. Para nosotros es solo un olor agradable, pero para una abeja es prácticamente una invitación.
Hay estudios que indican que las abejas pueden confundirse fácilmente cuando detectan fragancias artificiales similares a las naturales. Por eso no es raro que se acerquen a personas que usan perfumes intensos o a ropa recién lavada y tendida al aire libre.
También entra en juego la temperatura. Las abejas buscan calor, sobre todo en ciertos momentos del día. La ropa interior, al ser ligera y estar muchas veces expuesta al sol cuando se seca, puede conservar una temperatura agradable. Esto las anima a posarse por unos segundos, ya sea para explorar o simplemente para descansar.