Las mantas crean un microclima, una barrera donde la temperatura no varía demasiado. Esto calienta nuestra piel, haciendo que los factores circundantes que enfrían nuestro cuerpo no nos afecten tanto. Entonces, nos dormimos más rápido y tenemos un sueño más reparador y menos perturbado.
Nos sentimos protegidos y seguros


Las mantas desencadenan nuestra sensación de seguridad porque el temor más común que teníamos cuando éramos niños era precisamente el miedo a la oscuridad. Entonces, cuando comenzaba ese sentimiento, nos cubríamos por completo. Fue nuestra escapada mágica, la cual combatía nuestro miedo y nos hacía sentir más seguros. Este sentimiento de seguridad permanece con nosotros en la adultez y se activa cuando nos cubrimos con mantas.
vedere il seguito alla pagina successiva