Los cambios hormonales también pueden influir, especialmente con la edad. Variaciones en la producción de melatonina, la menopausia, desequilibrios tiroideos o ritmos irregulares de cortisol pueden afectar la continuidad del sueño. Ciertos medicamentos —incluyendo los usados para la presión arterial, la depresión o el asma— también pueden interferir con el descanso nocturno.
Despertarse ocasionalmente temprano suele ser inofensivo y puede reflejar estrés temporal, fatiga o cambios en el estilo de vida. Sin embargo, si despertar a las 3 o 4 a. m. se vuelve frecuente y viene acompañado de agotamiento, irritabilidad o problemas para funcionar durante el día, podría indicar un trastorno del sueño, como insomnio o alteración del ritmo circadiano.