A diferencia de lo que muchos podrían imaginar, Jeanne no llevó una vida austera ni se privó de los placeres cotidianos. Según testimonios y entrevistas, comía alrededor de un kilo de chocolate por semana, siempre incluía postre en sus comidas y disfrutaba del vino de Oporto con moderación. Fumó cigarrillos desde los 21 años hasta los 117, algo que, en teoría, debería haber afectado gravemente su salud. Sin embargo, esto no pareció impedirle alcanzar una longevidad excepcional.
Incluso al acercarse a los 100 años, Jeanne mantenía una notable actividad física. Anduvo en bicicleta hasta bien entrada la década de los 90 y, cuando cumplió un siglo de vida, recorrió a pie las casas de su ciudad para agradecer personalmente a quienes la habían felicitado. Su vitalidad sorprendía tanto como su sentido del humor, que nunca perdió, ni siquiera en sus últimos años.