A lo largo de la vida, cada experiencia deja una huella. No solo en la memoria consciente, sino también en el cuerpo. Muchas emociones no resueltas, tensiones acumuladas y situaciones difíciles no desaparecen con el paso del tiempo: quedan registradas en la postura, en la respiración, en la forma de reaccionar ante el estrés e incluso en la manera de relacionarse con los demás.
Comprender este proceso permite interpretar mejor ciertas conductas actuales y abrir la puerta a un cambio real.