Pueblo sin oportunidades, sin infraestructura, sin futuro visible. Como tantos jóvenes de su generación, Oseguera Cervantes emigró al norte, cruzó la frontera hacia Estados Unidos y pasó varios años en California, donde trabajó de forma informal, pero también fue ahí donde comenzó a tener contacto con redes de tráfico de drogas. En la década de los 90 fue detenido en Estados Unidos por cargos relacionados con heroína y fue deportado a México.
Esa deportación, lejos de alejarlo del crimen, lo lanzó directo al corazón de él. De regreso en México, Oseguera Cervantes se acercó a Ignacio Coronel Villarreal, conocido como Nacho Coronel, uno de los líderes más poderosos del cártel de Sinaloa en la región de Jalisco y Nayarit. Con él, el Mencho aprendió el negocio, entendió cómo funcionaban las rutas, cómo se compraba a las autoridades, cómo se construía lealtad y cómo se usaba la violencia de forma estratégica.